Mi primera hija
No tengo hijos. Intuyo, sin embargo, que la emoción debe ser similar. Como una estrella fugaz, de esas que se ven sin querer, por el azar de mirar justo ese preciso segundo al cielo y maravillarse con ella y con la posible e ingenua sincronicidad de esa inmensidad contigo... así fue... así fue como decidí aventurarme por primera vez a enviar mis trabajos a una editorial. Por su parte, no sé si fue el afán de un grupo de Quijotes o la leve magia de ese mismo segundo de luz, que capturó con mis íntimas palabras el paladar de ese equipo editor. No importa ya, lo cierto es que estoy dentro de estas páginas, plasmado para siempre pero en libertad, con una tipografía que se viste de melancolía, dolor, creacionismo, desfachatez, espejismo y una tímida automirada... ahí va, ahí veo a mi primera hija, las letras, la poesía, la verdad, ahí va mi hija que explotó desde mi vientre.

