martes, mayo 05, 2009

The wrestler



Esta vez no escribiré en ojos bien cerrados porque no quiero comentar la nueva joya de Darren Aronofski. Si no más bien hidalgamente constatar que hoy la vida (como en un tango de Discépolo) me ha hecho nuevamente vestirme de luchador, y como Randy "the ram" Robinson caminar con la cámara por la espalda, bufando el cansancio de los años, al menos para las batallas que debo enfrentar.

Son distintas soledades, es otra la hija que me desconoce y es otra la muerte que me espera. Sin embargo, resiento el mismo peso de esa multitud que lo aclama y a la vez le exige (y se autoexige) hasta el límite más extremo que su propio destino le ha podido determinar. Randy -y no Robin - es el único y verdadero capaz de vencer no sólo al Ayatollah sino a su propio fracaso. Yo, el ciego en el país de los tuertos, soy el único capaz, en el último round del rematch, de subirme a las cuerdas, abrir mis brazos, espetar mis cicatrices y lanzarme sobre el destino hasta vencerlo.




Y porque este boliche le lleva poesía, esta vez no traeré a colación a ningún grande sino sólo compartir un boceto de parapoema que nació en la Plaza Cortázar, donde también nace la calle Borges (agrego esta información como mínimo guiño a estos maestros), un día 27 de abril de 2009, una noche cálida sólo refrescada por la brisa inspiradora de un Buenos Aires perfecto.

...dedicado a la chica de la plaza cortázar

La tristeza parasita tu mirada

arribó en lunes y abolió los feriados

el peso de sus cadenas te arrastra el llanto

que en suplicio chino gota a gota sólo se evapora

a contraluz la veo brillar y en cuenta regresiva

a contrareloj la angustia de quitártela

con un beso como un zarpazo

extirparla de raíz

arrancarte los ojos si es preciso

y buscar nuevos allí adentro

donde los perdiste en una apuesta

donde el miedo te mostró su cara.


Para Randy y los luchadores, un Salieri con cariño. Pincha aquí.

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