Desde "Cartas a un joven poeta" (Rainer Maria Rilke)
1. Suscribo a Huidobro y renombro el blog: la poesía es un atentado celeste.
2. Me declaro un perro abandonado sin más hogar que estas efímeras construcciones meta-poéticas.
3. Me auto-dedico un extracto de la primera carta de Rilke a un joven poeta (ni tanto ni lo uno ni lo otro... pero ya he advertido).

Ahí va Rilke:
(...) Usted pregunta si sus versos son buenos. (...) Ahora bien (como usted me ha permitido aconsejarle), le pido que deje todo eso. Usted mira hacia afuera, y eso es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar, nadie. Hay un solo medio. Entre en sí mismo. Investigue el motivo que lo hace escribir; verifique si extiende sus raíces en el más íntimo lugar de su corazón, confiésese a sí mismo si moriría si se le prohibiera escribir. Ante todo esto: pregúntese en la más serena hora de su noche: ¿tengo que escribir? Cave en su interior para procurar una respuesta profunda. Y si esta fuera afirmativa, si le fuera posible salir al encuentro de esta seria pregunta con el fuerte y sencillo "tengo que hacerlo" construya entonces su vida de acuerdo con esta necesidad. Su vida, hasta en la más indiferente e insignificante hora, tiene que llegar a ser un signo y un testimonio de esta urgencia. Acérquese entonces a la naturaleza. Intente decir entonces, como si fuera el primer hombre, lo que ve, y experimenta, y ama, y pierde.
(...) describa sus tristezas y deseos, los pasajeros pensamientos y la fe en alguna belleza: describa todo eso con íntima, serena, humilde sinceridad y utilice, para expresarse, las cosas que lo rodean, las imágenes de sus sueños y los objetos de sus recuerdos. Si su mundo cotidiano le parece demasiado pobre, no le eche la culpa; cúlpese a sí mismo; cúlpese a sí mismo, dígase a sí mismo que no es suficiente poeta para extraerle sus riquezas; pues para el creador no hay ninguna pobreza, ningún lugar pobre, indiferente.
(...) Y si de este volverse hacia adentro, de este sumergirse en el mundo propio, vienen versos, entonces usted no pensará preguntar a nadie si son buenos versos. (...) verá en ellos su querida posesión natural, un trozo y una voz de su vida. Una obra de arte es buena si ha surgido de una necesidad.